Mensaje Papal por Navidad

Mensaje Papal por Navidad

Leamos este precioso Mensaje Papal de Navidad, que simboliza una reflexión muy hermosa que deberíamos ener en cuenta en una fecha tan trascendental, La navidad es el momento más emotivo del año, es el momento donde se afianza la unidad, el amor a la familia y el reto mar los valores espirituales: Mensaje de Benedicto XVI en la Navidad 2011.

Queridos hermanos y hermanas: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado». Él ha entrado en el mundo. Por vosotros ha nacido el Salvador: lo que el Ángel anunció a los pastores. Ésta es una noticia que no puede dejarnos indiferentes. Y, entonces, también yo debo decir como los pastores: Vayamos, quiero ir derecho a Belén y ver la Palabra que ha sucedido allí.

El Evangelio no nos narra la historia de los pastores sin motivo. Ellos nos enseñan cómo responder de manera justa al mensaje que se dirige también a nosotros. ¿Qué nos dicen, pues, estos primeros testigos de la encarnación de Dios? Ante todo, se dice que los pastores eran personas vigilantes, y que el mensaje les pudo llegar precisamente porque estaban velando. Nosotros hemos de despertar para que nos llegue el mensaje. Hemos de convertirnos en personas realmente vigilantes.

Volvamos al Evangelio de Navidad. Nos dice que los pastores, después de haber escuchado el mensaje del Ángel, se dijeron uno a otro: Vamos derechos a Belén… Fueron corriendo, dice literalmente el texto griego. Lo que se les había anunciado era tan importante que debían ir inmediatamente. Ha nacido el Salvador. El Hijo de David tan esperado ha venido al mundo en su ciudad. ¿Qué podía haber de mayor importancia?

Algunos comentaristas hacen notar que los pastores, las almas sencillas, han sido los primeros en ir a ver a Jesús en el pesebre y han podido encontrar al Redentor del mundo. Los sabios de Oriente, llegaron mucho más tarde. Pues bien; también hoy hay almas sencillas y humildes que viven muy cerca del Señor. Por decirlo así, son sus vecinos, y pueden ir a encontrarlo fácilmente. Cuánto desearíamos, nosotros los hombres, un signo diferente, imponente, irrefutable del poder de Dios y su grandeza. Él tiene el poder y es la Bondad. Nos invita a ser semejantes a Él. Sí, nos hacemos semejantes a Dios si nos dejamos marcar con esta señal; si aprendemos nosotros mismos la humildad y, de este modo, la verdadera grandeza; si renunciamos a la violencia y usamos sólo las armas de la verdad y del amor.

En la Liturgia de la Noche Santa, Dios viene a nosotros como hombre, para que nosotros nos hagamos verdaderamente humanos. En efecto, ¿para qué te serviría que Cristo haya venido hecho carne una vez, si Él no llega hasta tu alma? Oremos para que venga a nosotros cotidianamente y podamos decir: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Sí, por esto queremos pedir en esta Noche Santa. Señor Jesucristo, tú que has nacido en Belén, ven con nosotros. Entra en mí, en mi alma. Transfórmame.
Renuévame. Haz que yo y todos nosotros, nos convirtamos en personas vivas, en las que tu amor se hace presente y el mundo es transformado.

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